Durante casi tres años sentí que mi cuerpo había dejado, de alguna manera, de pertenecerme. Conviví con múltiples miomas, endometriosis, dolor e inflamación. Mi cuerpo cambió mucho: subí de peso, perdí energía y hubo momentos en los que mirarme al espejo significaba encontrarme con una imagen en la que ya no terminaba de reconocerme.
Pero lo más difícil no fue solamente lo que veía. Fue cómo me sentía. Cuando convivís durante mucho tiempo con dolor y malestar, una parte de tu atención está permanentemente puesta ahí. El cuerpo ocupa espacio mental. Aparece el cansancio, cambia el humor, se alteran las rutinas y cosas que antes parecían sencillas empiezan a requerir una cantidad enorme de energía.
Poco a poco, casi sin darme cuenta, mi mundo se había ido haciendo más pequeño. Hasta que llegó la cirugía.
No quiero volver atrás
Hoy tengo 48 años y estoy recuperándome de una histerectomía. Todavía estoy atravesando el proceso. Mi cuerpo necesita tiempo. Hay cosas que aún no puedo hacer y otras que estoy empezando a recuperar lentamente.
Sin embargo, hay algo que ya cambió: por primera vez en mucho tiempo siento que estoy empezando a volver a mí. Y curiosamente no siento deseos de recuperar a la mujer que era antes.
No quiero volver a tener 25. Ni siquiera quiero volver a tener 40. Quiero conocer a la mujer que puedo ser ahora.
Quiero descubrir hasta dónde puedo sentirme bien a los 48, a los 50, a los 60 y más allá. Quiero recuperar fuerza. Volver a moverme con libertad. Sentirme cómoda dentro de mi cuerpo. Cuidar mi piel, mi cabello y mi imagen porque disfruto verme bien. Alimentarme de una manera que acompañe la vida que quiero tener. Dormir mejor. Entrenar. Leer. Aprender. Viajar. Disfrutar de mis animales. Tener proyectos.
Y, sobre todo, quiero conservar algo que para mí se volvió enormemente valioso: las ganas de vivir mi vida.
Mi idea del lujo también cambió
Durante estos años pensé mucho en cómo quiero vivir. Y descubrí que algunas de las cosas que hoy considero extraordinariamente valiosas son sorprendentemente sencillas.
- Despertarme sin correr y sentirme bien físicamente.
- Tener energía y poder mover mi cuerpo.
- Disponer de mi tiempo: un café tranquila, leer, entrenar.
- Pasear con mi perro y estar con mis animales.
- Tener curiosidad y elegir qué merece mi atención y qué ya no.
No significa renunciar a las cosas bonitas. Al contrario: me interesa la belleza, me gusta cuidarme, descubrir lugares, viajar, conocer experiencias y rodearme de cosas que me hagan sentir bien. Pero hoy entiendo el lujo de otra manera.
El verdadero lujo es tener salud, energía y libertad sobre nuestro propio tiempo.
Porque podemos tener muchas cosas y, sin embargo, no tener energía para disfrutarlas.
El cuerpo no es un proyecto para castigar
Durante mucho tiempo vivimos rodeadas de mensajes que nos enseñaron a relacionarnos con nuestro cuerpo desde la corrección: adelgazar, eliminar, ocultar, rejuvenecer, volver a ser. A cierta edad parece incluso que deberíamos empezar una batalla contra el paso del tiempo. Yo ya no quiero vivir esa batalla.
Sí quiero recuperar mi cuerpo. Sí quiero bajar el peso que acumulé durante estos años. Sí quiero verme cada vez mejor. Sí quiero investigar qué podemos hacer para conservar fuerza, movilidad, salud, piel, cabello, capacidad cognitiva y energía durante el mayor tiempo posible. Pero quiero hacerlo desde otro lugar.
No porque mi cuerpo sea algo que tenga que castigar hasta convertirlo en otra cosa, sino precisamente porque quiero vivir mucho tiempo dentro de él. Cuidarme dejó de ser una manera de corregirme: empezó a convertirse en una manera de elegirme.
Los pequeños rituales de volver a mí

Mi recuperación también me obligó a bajar el ritmo. Y en ese espacio empezaron a aparecer pequeños rituales. Algunos son insignificantes desde afuera: ordenar un espacio, cuidar mi piel, preparar algo que me gusta, leer, descansar sin sentir que debería estar produciendo, prestar atención a cómo estoy durmiendo, aprender sobre nutrición, pensar cómo quiero volver a entrenar cuando mi cuerpo esté preparado.
Estoy empezando a observar qué cosas realmente me hacen sentir bien. No quiero incorporar veinte hábitos porque alguien dijo que son los secretos de la longevidad. Quiero investigar, probar, preguntar, consultar especialistas, leer evidencia. Descubrir qué tiene sentido y qué es simplemente una nueva moda. Y quedarme con aquello que haga mi vida mejor.
Quizás ésta sea una de las ventajas de llegar hasta acá
A los 48 conozco cosas de mí que no conocía a los 25. Sé mejor qué me gusta. Sé muchas cosas que ya no estoy dispuesta a tolerar. Tengo más criterio para elegir dónde pongo mi energía. Y estoy empezando a comprender que no necesito llenar cada minuto de productividad para considerar que tuve un buen día.
Durante años trabajé con ideas relacionadas con organización, procesos, decisiones y lo que llamé Orden Interno: observar qué estamos sosteniendo, qué nos está quitando energía y qué necesitamos reorganizar para poder avanzar. Hoy esa mirada se amplió, porque también podemos diseñar nuestra manera de vivir.
No podemos controlar todo lo que ocurre. Mi propia historia me lo recordó de una forma bastante contundente. Pero sí podemos preguntarnos: ¿cómo quiero vivir los años que tengo por delante?
¿Y si nuestros mejores años todavía no ocurrieron?
Hay una narrativa extraña alrededor de las mujeres y la edad. Como si nuestra vida tuviera una cima muy temprana y después comenzara una larga administración de pérdidas: la juventud, el cuerpo, la belleza, la relevancia, las oportunidades. No es la historia que quiero contarme. Y tampoco es la historia que quiero contar desde BeWell Vision.
Me interesa otra pregunta: ¿qué ocurre si dejamos de mirar esta etapa como aquello que estamos perdiendo y empezamos a mirar todo lo que todavía podemos construir?
Quizás a los 48 tengamos menos tiempo por delante que a los 20. Precisamente por eso quiero que ese tiempo importe más. Quiero llegar a los próximos años fuerte, curiosa, saludable, con proyectos, con experiencias, con vínculos que valgan la pena, con animales alrededor, con lugares todavía por conocer, con libros todavía por leer. Y pudiendo mirarme al espejo y reconocerme, aunque la mujer que encuentre allí siga cambiando.
Por eso también está cambiando BeWell Vision
Esta nueva etapa personal terminó transformando también este espacio. BeWell Vision nació alrededor de ideas de transformación personal y Orden Interno. Pero mientras yo misma atravesaba todos estos cambios, empecé a sentir que quería hablar de algo más amplio. Quiero hablar de cómo vivimos.
- Longevidad y lo que realmente sabemos sobre vivir más y mejor.
- Nutrición, fuerza, movimiento y sueño.
- Salud femenina y bienestar emocional.
- Belleza y nuestra relación con nuestra imagen.
- Viajes, lugares y experiencias que vale la pena conocer.
- Los animales con los que compartimos nuestra vida.
- Mujeres interesantes, investigaciones y nuevas ideas que aparecen alrededor del mundo.
Y también de esas pequeñas cosas que hacen que un día común pueda sentirse extraordinariamente bien.
Estoy empezando de nuevo
Todavía estoy recuperándome. Todavía estoy reconstruyendo mi relación con mi cuerpo. Todavía estoy descubriendo cómo quiero organizar esta nueva etapa. No llegué a ninguna meta: estoy en el comienzo. Pero quizás por eso éste sea exactamente el momento indicado para empezar BeWell Vision de nuevo.

Porque no quiero construir una publicación desde la perfección. Quiero construirla desde la curiosidad, desde la experiencia, desde el deseo de vivir bien. Y desde una convicción que, después de todo lo que atravesé, hoy siento con mucha más fuerza: no quiero volver a ser quien era. Quiero descubrir quién puedo llegar a ser.
Tengo 48 años. Y siento que todavía queda muchísimo por vivir. Bienvenida a la nueva BeWell Vision.
Sobre la autora
Carolina Celeste Delfino
Fundadora y directora editorial · Argentina
Fundadora y directora editorial de BeWell Vision. Escribe sobre bienestar, longevidad y el arte de reinventarse a partir de los 45.
Este contenido tiene fines informativos y periodísticos y no constituye un diagnóstico ni un tratamiento médico. Consultá siempre con un profesional de la salud. Leé nuestro disclaimer de salud y la política editorial.



